Me siento rara...2008-06-30
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ahora q mi sapato ya le kedan bien...2008-06-29
Anoche se acostó en mi cama, como cuando era pequeña. La cama grande en la que se metía entre los dos, su padre y yo, todo rosada y calentita con su pillama estampado con muñequitos. Llevaba siempre su chupete y a veces su oso de felpa o su Pamela…
Un día tiró su chupete por la ventana. Sus visitas a la cama grande, paulatinamente comenzaron a escasear.
Cuando empezamos a extrañarla los domingos, cuando ya iba vestida a despertarnos…supimos que su infancia había terminado.
Infancia: camino que se recorre con pasitos de flor y ojos preocupados en búsqueda de calesitas y escaparates de jugueterías.
Anoche se acostó conmigo mi hija adolescente. Mi hija sin papá.
Dormida tiene aún la cara de la niñita que dormía en la cuna: las mejillas redondas, redondas, la nariz irreverente, la boca empecinada.
Entonces, como ahora, yo leía en su frete.
Y anche yo leí que estaba acongojada.
Que tal vez no confía demasiado en que mamá pueda ser al mismo tiempo”papa y mamá” con todas las fuerzas que se necesitan para serlo. SUPERMAN Y WONDER-WOMAN de maciado para la mujer que no se atreve a cruzar la calle en esquina donde no hay semáforo, para la mujer q quiere que la vida sea un jardín infinita de plantas perennes, siempre las mismas plantas, siempre la misma luz ningún cambio demasiado notorio. Quizás ella ha notado el temblor que le escondo para no preocuparla. Las lágrimas que lloro en los rincones de la casa para no despertar su largo llanto por la muerte del papá.
Es el tema de la muerte el que hoy quiero abrir como un durazno. La muerte, tan remota a su edad con brillo de luciérnagas, tan injusta al segar la cálida ternura del ser que le dio tanto.
Niña mía: cuando se muere alguien a quien amamos mucho, algo de nosotros se va con él, y él nos deja infinidad de cosas suyas.
Tu padre ya no está leyendo el diario desde la primera hasta la última pagina en el sillón del escritorio, no bebe su whisky de las siete de la tarde, no ocupa su lugar material en la mesa charlando con nosotras …pero sus palabras rondan tu corazón, sus pasos camina por el ancho territorio de tu alma, su amor es la coraza que va a defenderte de cientos de tormentas y será la fuerza inesperada que crecerá en vos en los momento en los que creas que ya no tenes más valor para seguir luchando.
Cuando quieras encontrarlo, debes buscarlo en vos. Allí le darás vida a quien de su vida te dio lo mejor que tenía.
Podés copiar de él: SU INTERÉS POR LA GENTE: a todas les prestaba atención, a todos los escuchaba con respeto, grades o pequeños, débiles o poderosos, y nunca se burlaba de ninguno. SU EQUILIBRIO: ni estallidos ni apatía, él decía que las cosas no eran ni blancas ni negras, que tenían matices intermedios que había que encontrar para nunca juzgar a la ligera. SU GENEROSIDAD: sabía dar con alegría y también recibir con agradecimiento. Generoso para brindar afecto, también generoso para que los demás pudieran brindárselo.
Yo pregunto ¿puede la muerte, entonces, dejarnos sólo un profundo precipicio vació en el lugar del hombre que fue tanto?
No borra el viento el olor a las rosas sino que lo desparrama por el mundo. No mata la tormenta los sembrados sino que hunde las semillas para que luego germine con más brío. No acalla el silencio el canto, sino que permite que lo escuchemos en lo más profundo de nuestra alma.
Crecés, mi siempre niña, crecés sólida y clara, cortás, en dos, al avanzar, el cielo, con tu proa de diamante, y dejas una estela de luceros espléndidos. Y tu columna vertebral que son mis caricias y las de tu papá, y tus manos seguras son aquellas manos de papá y mamá llevándote, de la mano, a la plaza, al médico, a la escuela, a los cumpleaños de tus amiguitos. Y esta mirada límpida con la que mirás tiene una trama hecha con los hilitos de nuestras lágrimas de emoción y nuestras rezos y nuestros asombros por tus adelantos y muchas veces nuestra paciencia para enseñarte.
Te dimos todo lo que teníamos, y recibimos en pago mucho más: nos hiciste felices.
El fue feliz cuando primera vez te acostó en tu cuna, cuando lo llamabas “papá”, cuando te subías a sus rodillas, cuando le pedías ayuda haciéndolo sentir un gigante, un rey, un mago.
Él fue feliz, aunque a veces lo hayas visto cansado o enojado. Y tu nombre en su voz era su orgullo y era su esperanza.
Los hijos, Verónica, siempre enriquecen a sus padres: les dan la posibilidad de volver a recorrer los antiguos senderos y descubrir lo que sus ojos apurados no pudieron ver antes. Les dan la oportunidad milagrosa de reparar viejos errores y ser más bueno, menos exigentes, más compresivos y abiertos.
Los hijos nos enseñan. Vos me estás enseñado… y yo estoy aprendiendo a ser mamá y papá a la vez. Me cuesta, me equivoco, pero te miro y siento que PUEDO HACERLO si uno a mi ímpetu y a mi espíritu de lucha, la fe y el equilibrio del compañero de lucha de tantos años de luz y de borrascas.
Yo trato de entenderte. Vos trata de entenderme a mí.
Si algunas veces me desbordo y te grito y creés que no tengo razón para ello, pensa que lo hago sin intención de ser injusta, pensa que tengo miedo de perderte o de que algo malo te suceda.
La muerte nos ha quitado la campana de cristal con la que tu papá nos protegía como si fuéramos dos princesitas en una torre dorada de un castillo.
Ahora el mundo esta más cerca de nuestra piel y lo sentimos a veces como una caricia y a veces como un golpe.
Pero estamos juntas.
Y siempre me tendrás.
Y siempre nos tendrás a tu papá y a mí. Siempre seremos dos lámparas votivas encendidas en tu corazón.
Porque el amor jamás desocupa el terreno que ha ganado.
Anoche se acostó en mi cama mi hija adolescente.
Cerca de la madrugada, tiritando, entre dormida, me pidió que pusiera otra frazada, y también entre sueños me preguntó por él:
-¿Y papá, mamá?
¿Y papá?...
Le acaricié el flequillo, tuve ganas de acunarla en mis brazos, pero no lo hice para no despertarla. Tal vez él le estuviera explicando la sinrazón de su muerte, sus discos q ya no se oyen en el living, whisky que perdura en la botella, los amigos q no vienen porque el ya no está para recibirlos…lo mucho mucho mucho que la querría… o que la quiere, porque no puedo creer, no creeré nunca q la muerte es para siempre o que él no participa de nuestras vidas de algún modo.
Camisa celeste y blue jeans, así quedó vestido. Y ella y su amiguita rubia le pusieron sobre las pálidas manos cruzadas sus amados anillitos de plata.
Ella no entiende y yo tampoco entiendo.
No entendemos… Y ella se lleva a bailar tus pantalones de genial Woody Aleen… y cuántas veces te hago cometarios en vos alta y espero tu respuesta y cuando ya el silencio me exaspera y estoy por reprocharte me doy cuenta que no, que no, ¿Qué nunca?
Pero me vuelvo terca y te sigo contado, como ahora: ¿ves nuestra cachorra hecha un ovillo junto a mi cuerpo, tan grande y tan chiquitita a la vez?
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